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Una historia de caballos...



Si el uso de animales de tiro (caballos, burros, asnos…) supuso una gran mejoría en las comunicaciones y en el transporte de mercancías, también hay que reconocer que las ciudades y sus habitantes tuvieron que adaptarse a este “revolucionario” medio de transporte.

En muchas calles los carros provocaban atascos, el ruido de los carruajes era muy molesto, causaban atropellos mortales – en 1900 murieron 200 neoyorkinos por esta causa – y el peor de todos: el estiércol.

Un caballo produce entre 14-16 kg por día de estiércol, cuando el número de caballos era reducido existía un mercado del estiércol muy próspero ya que se utilizaba, y se utiliza, como abono para los campos de cultivo. Pero a finales del XIX , con una población de casi 3 millones, había más de 200.000 caballos. El mercado del estiércol ya no podía absorber toda la “producción” y se comenzó a distribuir por los alrededores de New York (en algunos lugares se amontonaba en pilas de 18 metros).

Estas ingentes cantidades de estiércol eran un foco de moscas y ratas, en verano el hedor era insoportable y cuando llegaban las lluvias la ciudad se convertía en un mar de estiércol.

Llegó el problema a tal extremo que en 1898 tuvo lugar en New York la primera conferencia internacional de planificación urbana, siendo el tema “estrella” el estiércol. La conferencia estaba prevista para 10 días pero al no encontrar solución al problema, la conferencia se disolvió al tercer día. La solución llegaría de mano del avance tecnológico: se sustituyó el caballo por el tranvia.

Una consecuencia urbanística de los problemas del estiércol son las cinematográficas escaleras neoyorkinas que ascienden desde la calle hasta la entrada en la primera planta. Así se evitaban los “mares de estiércol”.


Fuente: Superfreakonomics - Steven Lewitt

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Cómo ocurrió...



Mi hermano empezó a dictar en su mejor estilo oratorio, ése que hace que las tribus se queden aleladas ante sus palabras.
-En el principio -dijo-, exactamente hace quince mil doscientos millones de años, hubo una gran explosión, y el universo...
Pero yo había dejado de escribir.
-¿Hace quince mil doscientos millones de años? -pregunté, incrédulo.
-Exactamente -dijo-. Estoy inspirado.
-No pongo en duda tu inspiración -aseguré. (Era mejor que no lo hiciera. Él es tres años más joven que yo, pero jamás he intentado poner en duda su inspiración. Nadie más lo hace tampoco, o de otro modo las cosas se ponen feas.)-. Pero, ¿vas a contar la historia de la Creación a lo largo de un periodo de más de quince mil millones de años?
-Tengo que hacerlo. Ése es el tiempo que llevo. Lo tengo todo aquí dentro -dijo, palmeándose la frente-, y procede de la más alta autoridad.
Para entonces yo había dejado el estilo sobre la mesa.
-¿Sabes cuál es el precio del papiro?- dije.
-¿Qué?
Puede que esté inspirado, pero he notado con frecuencia que su inspiración no incluye asuntos tan sórdidos como el precio del papiro.
-Supongamos que describes un millón de años de acontecimientos en cada rollo de papiro. Éso significa que vas a tener que llenar quince mil rollos. Tendrás que hablar mucho para llenarlos, y sabes que empiezas a tartamudear al poco rato. Yo tendré que escribir lo bastante como para llenarlos, y los dedos se me acabaran cayendo. Además, aunque podamos comprar todo ese papiro, y tu tengas la voz y la fuerza suficientes, ¿quién va a copiarlo? Hemos de tener garantizados un centenar de ejemplares antes de poder publicarlo, y en esas condiciones, ¿cómo vamos a obtener derechos de autor?
Mi hermano pensó durante un rato. Luego dijo:
-¿Crees que deberíamos acortarlo un poco?
-Mucho -puntualicé, si esperas llegar al gran público.
-¿Qué te parecen cien años?
-¿Qué te parecen seis días?
-No puedes comprimir la Creación en sólo seis días -dijo, horrorizado.
-Ése es todo el papiro de que dispongo -le aseguré-. Bien, ¿qué dices?
-Oh, está bien -concedió, y empezó a dictar de nuevo-. En el principio...
-¿De veras han de ser solo seis días, Aaron?
- Seis días, Moisés -dije firmemente.

Isaac Asimov

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Nuevas fotos de SEEE!

Integrantes Seee!
Nashingae: percusión y coros
Chamán: voz, coros, mandolina, percusión
Vicky: voz y coros
Chango: voz, coros y guitarra
Techy: voz, coros, charango
Campa: coros, bajo y charango

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Seee! Primer recital en vivo!

 
 
 


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La locura...




















Estoy sentado en Torcuato y miro a mi alrededor... ¿Qué veo? Un teléfono, una computadora, un ascensor, una impresora, un reloj, un celular, una cerveza, una mochila, mis zapatillas! La cuestión es que sin locos, sin gente que salga de la caja, este mundo seguiría siendo plano, seguiríamos siendo el centro del universo, no tendríamos la ley de gravedad, no tendríamos religiones, no tendríamos radios, viajes al espacio, medicina, autos, edificios, no tendríamos la novena sinfonía, la capilla sixtina, las pirámides, no existiría el fútbol, no habría guitarras, y la lista es interminable, por eso esta semana homenajeamos a esta adictiva y hermosa LOCURA

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"Everything in its right place"



Yesterday I woke up sucking a lemon...